
De aquí para allá...
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| Ilusión - 2004 - Pintura acrílica sobre tela - 16 x 22 cm |
..., como las ballenas, unos días os enseño acuarelas de mis andanzas por el campo, otras algunas de mis últimas obsesiones, hoy un cuadrito de una ballena que emerge en la superficie como una isla o las montañas que tanto repito.
Qué maravilla, una ballena. Somos insignificantes.
Invierno en el Baztán

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Hojas de roble y castaño - 2006 - Acuarelas - 11,5x16 cm.
Caminos de Santiago. 26 de Febrero de 2005. Estaba realizando la Ruta del Baztán entre Baiona y Pamplona. Un par de días con recorridos suaves. Al abandonar Urdax el camino se hace por subidas pronunciadas hacia el Alto de Otsondo. No son nada más que 550 metros de desnivel, pero los porcentajes de las pendientes son fuertes, duras. Al comienzo del ascenso aparecen dispersos centenarios robles autóctonos, más adelante el bosque se hace denso de robles, son diferentes, de otra clase, sus hojas son puntiagudas y los troncos del árbol más rectilíneos. Entre ellos se dejan ver castaños, algún haya, acebos y robles poblados de muérdago. En un descanso, junto a una borda en la que trabajaba el pastor en compañía de los perros que no cesaban de ladrar, pinté estas acuarelas de hojas de alguno de los árboles descritos.
Grey

Caminando por Irlanda. Pabellones agropecuarios de chapa ondulada. Los hay de todos los colores, desde el amarillo limón al negro, predominan los verdes, el rojo inglés y grises profundos. Pinté quince acuarelas de este tema, siempre en el estudio, donde se precisan más las cosas y decides con tranquilidad los elementos que tienen más importancia y de cuáles prescindir.
Aitor Lajarín: Night walker
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For an instant. Oleo s/tela, 61x50 cm. - - - - - - - - - - - - - - - Search (II). Oleo s/tela, 41x31 cm.
Me gusta el trabajo de Aitor Lajarín. Anda por Los Angeles, lejos. Ahora exponiendo en Madrid trabajos en torno a su estancia en USA.
[la expo]
Viaje al frío
Me he acercado a pintar en Atapuerca (Burgos), en el Camino Francés que recorren los peregrinos hacia Santiago. No tuve suerte, la nieve que buscaba había remitido y el aire frío de la mañana traía agua que impedía pintar a la acuarela, cuando conseguías que el color se fijase en el papel, aparecía la inoportuna lluvia.

A las nueve de la mañana estaba en San Juan de Ortega. Estos días no habían pernoctado peregrinos en el albergue y el bar estaba cerrado a cal y canto. Me pertreché bien, y mochila al hombro comencé a caminar hacia Atapuerca (poco más de seis kilómetros) por una pista forestal que discurre entre pinos y robles donde todavía permanece la nieve helada de días pasados y hay que tener cuidado para no dar un traspiés.
Al salir del bosque la protagonista del paisaje es la niebla que endulza los pardos y grises colores del invierno burgalés. Sin apenas darme cuenta había llegado a la todavía somnolenta Agés, aldea en la que en los últimos años han proliferado albergues y establecimientos de hostelería para "atender" a los peregrinos. Mal negocio y mal servicio. Todo cerrado, así que hasta Atapuerca imposible tomar algo caliente.
En Atapuerca ya se veían humear las chimeneas de las casas. Esta localidad adquirió una importancia especial a consecuencia del yacimiento arqueológico en el que se han hecho descubrimientos importantísimos sobre la evolución del hombre en este planeta y por el que algunos muestran el mínimo interés. Así nos va.
Desayuné en "comosapiens" un café con leche y unas tostadas de pan y aceite de oliva (en dos ocasiones he parado en este restaurante y siempre he disfrutado de su cocina y de un buen servicio). Seguí mi camino hasta el Alto de las Machorras donde, al abrigo de un ribazo, pinté estas dos acuarelas, la de arriba mirando a la sierra de Atapuerca, tras la que se encuentra el yacimiento arqueológico, y la de abajo mirando al valle en el que este año han recuperado unos antiguos humedales.

A la tarde, después de comer, el tiempo había mejorado y como el camino de vuelta a San Juan de Ortega va en ascenso llegué cansado, tomé relajadamente un refresco y vuelta a casa. Tendré que realizar más a menudo estas salidas.
+ acuarelas

A las nueve de la mañana estaba en San Juan de Ortega. Estos días no habían pernoctado peregrinos en el albergue y el bar estaba cerrado a cal y canto. Me pertreché bien, y mochila al hombro comencé a caminar hacia Atapuerca (poco más de seis kilómetros) por una pista forestal que discurre entre pinos y robles donde todavía permanece la nieve helada de días pasados y hay que tener cuidado para no dar un traspiés.
Al salir del bosque la protagonista del paisaje es la niebla que endulza los pardos y grises colores del invierno burgalés. Sin apenas darme cuenta había llegado a la todavía somnolenta Agés, aldea en la que en los últimos años han proliferado albergues y establecimientos de hostelería para "atender" a los peregrinos. Mal negocio y mal servicio. Todo cerrado, así que hasta Atapuerca imposible tomar algo caliente.
En Atapuerca ya se veían humear las chimeneas de las casas. Esta localidad adquirió una importancia especial a consecuencia del yacimiento arqueológico en el que se han hecho descubrimientos importantísimos sobre la evolución del hombre en este planeta y por el que algunos muestran el mínimo interés. Así nos va.
Desayuné en "comosapiens" un café con leche y unas tostadas de pan y aceite de oliva (en dos ocasiones he parado en este restaurante y siempre he disfrutado de su cocina y de un buen servicio). Seguí mi camino hasta el Alto de las Machorras donde, al abrigo de un ribazo, pinté estas dos acuarelas, la de arriba mirando a la sierra de Atapuerca, tras la que se encuentra el yacimiento arqueológico, y la de abajo mirando al valle en el que este año han recuperado unos antiguos humedales.

A la tarde, después de comer, el tiempo había mejorado y como el camino de vuelta a San Juan de Ortega va en ascenso llegué cansado, tomé relajadamente un refresco y vuelta a casa. Tendré que realizar más a menudo estas salidas.
+ acuarelas
Acuarela y gouache
Galicia o Irlanda

La casa de atrás - 2009 - Pintura acrílica sobre tela - 114 x 162 cm
La arquitectura irlandesa y la gallega, y me vais a perdonar porque no tengo absolutamente ni idea, las veo relacionadas, las realaciono. En Galicia siempre me impresionan sus casas rurales de granito, sus grandiosas chimeneas y sus característicos tejados de losas pizarrosas o de chapa ondulada o uralita. Igual en Irlanda, repetiría la frase, igual. Tendrán que ver sus climas húmedos su dispersión en el paisaje y el desarrollo de la vida diaria individual.
Discurro por sus caminos que serpentean los pastizales cercados por setos de verdes arbustos, de piedras o losas en otros casos, o alambre de espino en el que las ovejas dejan mechones de lana a su paso.
Discurro por sus caminos que serpentean los pastizales cercados por setos de verdes arbustos, de piedras o losas en otros casos, o alambre de espino en el que las ovejas dejan mechones de lana a su paso.
Quiero volver.
Patrick M. Fitzgerald
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Aunque hay un link en mi blog desde el que se puede entrar en el suyo, no me resisto y os invito a ver su trabajo aquí. Un ejemplo este dibujo de 2007 de la serie titulada "Sonbou", lapiceros de color sobre papel y elementos de collage
(32,5 x 25 cm).
[le roseau pensant]
(32,5 x 25 cm).
[le roseau pensant]
Ortega Muñoz, en Mérida

Alguna de las acuarelas con las que participé en la Biennale du Carnet de Voyage, en Clermont Ferrand, le recordaban a Enrique Flores pinturas del extremeño Godofredo Ortega Muñoz, artista al que siempre he admirado y del que el Museo de Bellas Artes de Bilbao tiene dos bellísimas en su colección y en las que me detengo siempre que se exponen.
Enrique, que ha tenido la oportunidad de pasar por Mérida y ver la exposición del artista extremeño, me manda información que comparto con vosotros aquí.
Bajo estas líneas una de las obras de Ortega Muñoz de la exposición y, a la derecha, una acuarela mía de las que hablábamos más arriba.
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[sobre la exposición] [119 obras] [Museo Reina Sofía]
Manuel Vicent. El tiempo

Tiempo en el estudio: 04-01-2009.
Manuel Vicent, en su columna dominical en El País decía que la monotonía hace que los días resbalen sobre la vida a una velocidad increíble sin dejar huella... y terminaba deseando que el nuevo año nos depare felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no nos someta a una vida anodina. Que nos pasen cosas distintas, como cuando uno era niño. Yo también lo deseo.
Nieve en el Camino de Santiago

24 de Marzo de 2003. Había pasado la noche en el albergue de La Faba, última aldea de El Bierzo antes de entrar en Galicia. Esa noche pernoctamos dos peregrinos en el albergue regentado por alemanes, un alemán y yo. Yo de alemán, cero, pero nunca olvido mi paso por él y lo recomiendo. Amaneció un día claro aunque durante la noche había caído una nevada considerable y disfruté del paisaje hasta llegar a O Cebreiro que con sus calles y pallozas cubiertas de nieve más parecía una postal navideña. Casas construidas de piedra de pizarra al igual que sus tejados a excepción de algunas construcciones circulares que lo tienen de paja en forma cónica, las populares payozas, alguna de las cuales mantienen abierta al público para mostrar la forma de vida que se llevaba dentro de ellas. Según pasaba la mañana aumentaba la temperatura y la nieve iba desapareciendo paulatinamente y cuando llegué a Hospital de la Condesa, pequeña aldea que toma su nombre de un antiguo hospital de peregrinos fundado en el siglo IX, consideré que debía parar a pintar. Dispuse un térmico impermeable sobre el suelo y sentado sobre él pinté esta acuarela mientras los peregrinos que pasaban se extrañaban de cómo podía pintar en esas condiciones. Hoy, Diciembre de 2008, con la nieve caída estos días sería imposible. Buen ánimo para los que estos días caminan en dirección a Santiago. Buen Camino.
Velate. Sigue el frío
Velate nevado - Acrílico sobre tela - 22 x 27 cm. En el ordenador y con la calefacción a 22 grados, el interior de cualquier bosque nevado se convierte en una cálida postal. Este pequeño cuadro corresponde a Velate, recuerdos de mi aventura en soledad por la Ruta del Baztán. Desde Bayona por Urdax, subiendo rodeado de nieve los altos de Otsondo y Velate camino de Trinidad de Arre.
Humedad

Camino por el Norte de Irlanda, de Ballycastle me dirijo a Crossmolina, al Sur, por estrechas y serpenteantes carreteras con escaso tráfico. En el horizonte azulando en la lejanía u oculta por las nubes y nieblas de los meses de invierno la silueta de la misma montaña, omnipresente, es el Nephin, la montaña más alta de la comarca (804 m) . La pinté en varias ocasiones, siempre desde la memoria.
Sandra Kruisbrink

Sporen: 57 x 57 cm - pastel/lápiz- 2008
Galerie Hein Elferink: 13 Nov. - 20 Dic. 2008
Ver: sitio web artista - drawings & notes - galería hein elferink
Ver: sitio web artista - drawings & notes - galería hein elferink
Al ritmo de la lluvia yo le pregunté

Llegando a Villanúa. Acuarela (29-04-2003) - 32 x 38 cm
Cómo pasa el tiempo. Primavera del 2003. El Camino Aragonés fue mi primera experiencia en el Camino de Santiago. Había salido en Canfranc Estación (Huesca) un buen día primaveral, no estaba muy nublado y las dibujadas nubes dejaban entrever un cielo de luminoso azul. El camino, en descenso, transcurre por la margen izquierda del río Aragón entre árboles y arbustos de boj. Si hiciese calor no se notaría caminando por el interior del bosque y distraido por el sonido de las aguas bravas del deshielo haciéndose camino entre las piedras del cauce, pero el cielo se fue tornando nublado de gris plomizo, amenazaba lluvia y me puse hasta contento, iba a estrenar mi flamante poncho rojo geráneo. De inmediato comenzaron a caer las primeras gotas y tuve que darme prisa para ponerme el poncho. La mochila con los bártulos de pintar y el engorroso caballete de pintor impidieron, a pesar de las mil filigranas que realicé, ponérmelo y en un momento me vi empapado hasta los huesos. Si alguien vio la escena tuvo que reírse un rato. Paré para protegerme al pie de un farallón rocoso, monté un tenderete para secar la ropa y mientras tanto aproveché para, a duras penas, pintar esta acuarela en la que quedaron patentes las huellas de la lluvia.
Del Camino de Santiago tengo pintadas más de quinientas acuarelas, por ésta tengo una predilección especial.
Getxoarte

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Algunas de las obras que se cuelgan en Getxoarte.
Getxoarte se marca como objetivo el fomentar e impulsar la creatividad artística plástica y visual emergente en Euskal Herria y en pos de tal objetivo se aborda la octava edición que permanecerá abierta hasta el 8 de diciembre y en la que se exhibe la obra de 57 jóvenes artistas que han puesto su ilusión para que su obra sea valorada por el público en general y las instituciones culturales y galeristas, deseosos de que se interesen por sus trabajos y acceder los cada vez más raquíticos proyectos expositivos. Difícil. La mejor de las suertes para todos ellos.
Una vez por temporada, como máximo y no en todas las galerías, se realizan exposiciones de artistas emergentes, todo queda ahí y como norma no pasan a formar parte de las galerías, con suerte, todo queda en exponer esporádicamente cada dos o tres temporadas sin apenas actividad entre esos tiempos, no se realizan intercambios con galerías de otras ciudades y prácticamente son inexistentes los intercambios internacionales como correspondería a los tiempos que vivimos. Las excepciones suelen ser producto del trabajo gestionado por el propio artista. Vamos, la situación no es alentadora.
Getxoarte
Melquiades Alvarez

Retorno - 2008 - Oleo sobre lienzo - 73 x 202 cm
Soy una de las personas afortunadas de conocer personalmente a Melquiades. Le conocí en 1996, en una exposición que realizó en Bilbao. Por entonces yo dirigía la Galería AMASTÉ, en Bilbao, fueron seis años inolvidables en los que Melquiades realizó un par de exposiciones con nosotros y desde entonces conservamos una buena amistad.
Es silencioso y romántico, y gusta de caminar los paisajes que vive a diario y en los que se inspira. Sus dibujos y cuadros o sus esculturas siempre giran en torno a su geografía más cercana que exprime hasta hacerla poesía.
Soy una de las personas afortunadas de conocer personalmente a Melquiades. Le conocí en 1996, en una exposición que realizó en Bilbao. Por entonces yo dirigía la Galería AMASTÉ, en Bilbao, fueron seis años inolvidables en los que Melquiades realizó un par de exposiciones con nosotros y desde entonces conservamos una buena amistad.
Es silencioso y romántico, y gusta de caminar los paisajes que vive a diario y en los que se inspira. Sus dibujos y cuadros o sus esculturas siempre giran en torno a su geografía más cercana que exprime hasta hacerla poesía.
Ahora está exponiendo el la Galería Vértice de Oviedo, entrar en su web y veréis obra suya de los últimos tiempos. Interesante.
Melquiades Alvarez
Melquiades Alvarez
Caminando por el norte de Irlanda

"Dispersión". Pintura acrílica sobre tela, 230 x 420 cm.
Estoy satisfecho de como van conformándose mis últimas pinturas. El pasado 25 de Noviembre os enseñaba este cuadro en proceso. No es demasiado tiempo para la dificultad que tiene la resolución de un cuadro de estas dimensiones. Ha pasado por diversas situaciones, siempre acumulativas de elementos arquitectómicos y paisajísticos del Condado de Mayo, en Irlanda, tema principal en torno al que gira el trabajo que ando desarrollando, casi siempre en tonos cálidos que han ido desapareciendo y modificándose hacia colores húmedos y formas dispersas que dan carácter a los paisajes que viví caminando por el norte de Irlanda.
La imágen no es de mucha calidad, la luz fluorescente da un tono azulado y mata los matices de las pinceladas grises y blancas que tienen pequeñas matizaciones cálidas. Para el catálogo haré una buena fotografía. A pesar de todo he querido enseñarlo.
La nieve quedó atrás
Paisaje llegando a la ermita de Santa María la Real de Velate. Acuarela. Tras despedirme de Felisa Goñi me incorporé al gélido paisaje y retrocedí hasta el alto de Velate y retomar el Camino de Santiago hacia Pamplona, me introduje en el pinar para seguir adelante rodeado completamente por la nieve y con gran dificultad para caminar hasta que en el fondo de un pequeño barranco se dejaba ver la ermita de Santa María la Real. Llegué y traté de situarme, busqué en los alrededores las flechas amarillas por las que continuar el camino y aunque había muchísima nieve vi marcas en un pino a la entrada del bosque. Las cosas iban bien. Volví a la ermita y monté los bártulos para ponerme a pintar. Con cuatro rasgos elementales esbocé el tema y al ponerme a pintar mi sorpresa fue comprobar que al depositar la acuarela sobre el papel no se fijaba el color y se convertía en hielo de inmediato. Tremendo, el agua formaba escamas de hielo. -15ºC como mínimo. Seguro. Recogí los bártulos y con ellos al hombro, miré hacia la flecha amarilla por la que iba a proseguir, di una vuelta de trescientos sesenta grados sobre mi cuerpo, vi la cantidad de nieve por la que estaba rodeado y sin pensarlo mucho volví mis pasos hacia donde había venido decidiendo bajar hacia Lanz y Pamplona por la carretera. Al llegar a Venta Ulzama saludé de nuevo a Felisa y continué hasta enlazar con la nueva carretera donde con la nieve de las cunetas, el tráfico de camiones que salía del túnel se convertía en mi fantasmagórico enemigo y tenía que tener cuidado para evitar que me llevaran por delante. A cada momento trataba de apartarme de la carretera y buscar caminos alternativos, pero no había condiciones. Volví a perderme entre la nieve, el barro y los prados cercados de alambradas y, fatigado e irritado, tomé de nuevo la carretera hasta llegar a Olagüe donde como mal menor me relajaría parando a comer. Tampoco iba a ser éste un buen día y me encontré con que el bar hacía tiempo que lo habían cerrado, en la salida del pueblo paró un coche que se dirigía a Pamplona y me acercó hasta la estación de autobuses. Serían las cuatro de la tarde. Comí un mal menú y sin casi tomar el postre monté en el autobús. Antes de las siete de la tarde estaba en Bilbao. En Casa.
La Ruta del Baztán confluye con el Camino Francés en Trinidad de Arre, a las puertas de Pamplona, así que el tramo Velate-Trinidad de Arre lo considero pendiente. Algún día volveré y esperemos que en esa ocasión las cosas se desarrollen de otra forma. Hasta pronto.
Sigue el mal tiempo

Lugar en el que me perdí. Acuarela, 2005, 15,5 x 21,5 cm
Como os comentaba hace un par de días, el ascenso a Velate me resultó duro, muy duro, pasando por momentos difíciles. Me puse nervioso y opté por llamar al 112, teléfono de emergencia, les di las referencias del lugar en el que me encontraba y les pedí información y orientación para poder seguir adelante. Me dijeron que todavía tenía horas de luz y que era conveniente que volviese mis pasos. Pero burro, seguí adelante y después de muchos esfuerzos conseguí llegar al alto, traté de orientarme por la luz y seguir por caminos que descendieran hacia la otra ladera en busca de la carretera que lleva al Alto de Velate. El descenso más que dificultoso se hizo largo, pero finalmente encontré la antigua carretera, casi bandonada desde la creación de un tunel que evita los problemas de los hielos y nives invernales. No pasaba absolutamente ningún vehículo y opté seguir andando hacia el alto hasta que llegó un coche que a la señal de alto paró para ayudarme y me acercó hasta Venta Ulzama, un hotelito con encanto. Agradecido le invité al hombre a tomar algo pero no asintió, nos despedimos, le di las gracias y entré al concurrido establecimiento donde tomé algo y pedí una habitación para pasar la noche. Todo un lujo para un peregrino. Me di una ducha bien caliente, llamé a casa para contar el contratiempo y me derrumbé sobre la cama tratando de descansar a la espera de la hora de cenar, tenía hambre pues había pasado el día sin apenas tomar bocado. Me sirvieron y atendieron de forma exquisita y después, algo más tranquilo, me retiré a descansar. A la mañana siguiente, relajado, bajé a desayunar y me atendió Felisa Goñi Ezcurra, propietaria de la venta que regenta la familia desde 1896. Felisa debía ser conocedora de la situación en la que había llegado y me prestó una cariñosa atención mientras le relataba los pormenores de mi aventura, le mostraba las acuarelas que llevaba en la mochila y le hablaba sobre el libro que acababa de editar con acuarelas del Camino de Santiago. En el hotel llama la atención la cantidad de cuadros y dibujos que llenan sus paredes y delata el interés que tienen por el arte y el porqué de la atención que Felisa Goñi mostraba al ir viendo las acuarelas.
Como os comentaba, tomé un buen desayuno y como previsión ante posibles problemas que me pudieran surgir mandé que me pusiesen un buen bocadillo para el camino. Pedí la cuenta, fui despidiéndome y creerlo, Felisa me invitó y no me cobró absolutamente nada: ni la suculenta cena, ni la habitación, tampoco el desayuno ni el bocadillo para el camino. Increíble, muchas gracias.
Como os comentaba, tomé un buen desayuno y como previsión ante posibles problemas que me pudieran surgir mandé que me pusiesen un buen bocadillo para el camino. Pedí la cuenta, fui despidiéndome y creerlo, Felisa me invitó y no me cobró absolutamente nada: ni la suculenta cena, ni la habitación, tampoco el desayuno ni el bocadillo para el camino. Increíble, muchas gracias.
Venta Ulzama está pasado el Alto de Velate en dirección Pamplona. Así que tras despedirme de Felisa Goñi me incorporé al gélido paisaje y retrocedí hasta el alto, me introduje en el pinar para seguir adelante rodeado completamente por la nieve y con gran dificultad para caminar...
Puerto rojo

Puerto naranja y negro, cartulinas pintadas, 16 x 30 x 2 cm.
Lo he terminado ayer, pertenece a la serie de puertos que estoy trabajando con cartones, los trabajarlo en tres dimensiones aprovechando los efectos luz/sombra que se generan, también estoy realizando un cuadro de formato grande con este motivo.
Tiempo invernal
Los partes metereológicos aconsejan no salir con el coche si no es imprescindible. La nieve cubre los paisajes vascos y me refrescan los recuerdos de la travesía de la Ruta del Baztán que realicé con los montes cubiertos por la nieve.

Velate nevado. Acuarela, 15,5 x 21,5 cm
... Después de pintar un par de acuarelas me adentré en el monte siguiendo las flechas amarillas que marcaban mi itinerario. De repente desaparecieron. Estaba perdido. Un par de bordas abandonadas y los restos del castaño más enorme que nunca vi eran los elementos más significativos del lugar. Estaba asustado, volví a dar otra vuelta, espanté a dos ciervos que se habían acercado a un arroyo y de nuevo aparecieron pisadas sobre la nieve de alguna persona, las seguí con cautela mirando a mi alrededor y de nuevo vi flechas amarillas, pero eran viejas, descoloridas, apenas se veían y no me daban ninguna confianza. A duras penas subía zigzagueando sobre la nieve, era duro, y me fui al suelo en varias ocasiones mientras a la mente me venían todo tipo de posibilidades a seguir, llegando a asumir que tendría que hacer noche en la nieve e ideaba la forma en la que realizaría el refugio. Seguía como podía, miraba hacia arriba e intentaba llegar hasta lo que yo creía que sería el alto, pero después del esfuerzo, al llegar a ese punto volvía a aparecer otra pendiente mayor que la anterior...

Velate nevado. Acuarela, 15,5 x 21,5 cm
... Después de pintar un par de acuarelas me adentré en el monte siguiendo las flechas amarillas que marcaban mi itinerario. De repente desaparecieron. Estaba perdido. Un par de bordas abandonadas y los restos del castaño más enorme que nunca vi eran los elementos más significativos del lugar. Estaba asustado, volví a dar otra vuelta, espanté a dos ciervos que se habían acercado a un arroyo y de nuevo aparecieron pisadas sobre la nieve de alguna persona, las seguí con cautela mirando a mi alrededor y de nuevo vi flechas amarillas, pero eran viejas, descoloridas, apenas se veían y no me daban ninguna confianza. A duras penas subía zigzagueando sobre la nieve, era duro, y me fui al suelo en varias ocasiones mientras a la mente me venían todo tipo de posibilidades a seguir, llegando a asumir que tendría que hacer noche en la nieve e ideaba la forma en la que realizaría el refugio. Seguía como podía, miraba hacia arriba e intentaba llegar hasta lo que yo creía que sería el alto, pero después del esfuerzo, al llegar a ese punto volvía a aparecer otra pendiente mayor que la anterior...
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