Librito de acuarelas y diario de mi aventura recorriendo el Camino Aragonés del Camino de Santiago.
Mostrando entradas con la etiqueta camino aragones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta camino aragones. Mostrar todas las entradas
Mirando al Pirineo
Mirando al Pirineo (Santa Cilia, Huesca) - 02-05-2003 - 32 x 38 cm
2 Mayo de 2003. El día anterior había sido un desastre absoluto mi avituallamiento. Así que quedé con el tabernero para desayunar a las ocho en su casa y no salir en ayunas. Pasaron quince minutos, siempre mis prisas, y como no abría el bar retomé de nuevo mi camino, de nuevo sin desayunar. Cargué con los 14 kilos de mochila y después de una hora caminando decidí detenerme a pintar nuevamente otra acuarela con la cordillera pirenaica como fondo, aunque ahora el valle y los horizontes se van haciendo amplios. Quedé satisfecho, pero decidí no volver la vista atrás. Siempre adelante, paisajes nuevos. Cerca había un cámping y me detuve a tomar un aperitivo continuando después hasta Puente la Reina de Jaca donde me avituallé para comer en ruta. La temperatura era muy agradable y se hacía el camino con comodidad a pesar de que el recorrido discurre en ocasiones por carretera. Apenas hay peregrinos.
Camino Aragonés
Al ritmo de la lluvia yo le pregunté

Llegando a Villanúa. Acuarela (29-04-2003) - 32 x 38 cm
Cómo pasa el tiempo. Primavera del 2003. El Camino Aragonés fue mi primera experiencia en el Camino de Santiago. Había salido en Canfranc Estación (Huesca) un buen día primaveral, no estaba muy nublado y las dibujadas nubes dejaban entrever un cielo de luminoso azul. El camino, en descenso, transcurre por la margen izquierda del río Aragón entre árboles y arbustos de boj. Si hiciese calor no se notaría caminando por el interior del bosque y distraido por el sonido de las aguas bravas del deshielo haciéndose camino entre las piedras del cauce, pero el cielo se fue tornando nublado de gris plomizo, amenazaba lluvia y me puse hasta contento, iba a estrenar mi flamante poncho rojo geráneo. De inmediato comenzaron a caer las primeras gotas y tuve que darme prisa para ponerme el poncho. La mochila con los bártulos de pintar y el engorroso caballete de pintor impidieron, a pesar de las mil filigranas que realicé, ponérmelo y en un momento me vi empapado hasta los huesos. Si alguien vio la escena tuvo que reírse un rato. Paré para protegerme al pie de un farallón rocoso, monté un tenderete para secar la ropa y mientras tanto aproveché para, a duras penas, pintar esta acuarela en la que quedaron patentes las huellas de la lluvia.
Del Camino de Santiago tengo pintadas más de quinientas acuarelas, por ésta tengo una predilección especial.
Semana Santa pintando acuarelas
El tiempo no ha acompañado. Agua y mucho frío. Como sabéis los que me conocéis, con frecuencia me acerco a la Ribera de Navarra, más concretamente a Milagro, localidad en la que vive el padre de mi esposa y estas fechas aprovechamos para visitarle.
Yo suelo salir a pintar con mi amigo Remegio Casiarian por los alrededores. Las Bardenas Reales de Navarra es uno de los lugares que solemos elegir y fue a donde nos dirigimos en primer lugar. Creímos que estaría saturado de turistas y aunque sí que encontramos unos cuantos, las bajas temperaturas hicieron que los más remolones se quedaran pegados a las sábanas. Entramos en Bardenas por Arguedas y disfrutamos del paisaje hasta salir por Carcastillo donde paramos a desayunar y después, antes de llegar al Monasterio Cisterciense de la Oliva, montamos los bártulos y yo pinté esta acuarela, casi monocroma, característica de esta época del año.

Monasterio Cisterciense de la Oliva en Carcastillo (Navarra).
Hay un refrán castellano que dice: "la cabra siempre tierra al monte", dicho aplicable a mi gusto por el Camino de Santiago y en la segunda salida nos acercamos hasta Eunate, punto de confluencia del Camino Aragonés y el Francés donde volví a pintar la ermita, concurrida de más turistas que peregrinos.

La ermita de Nuestra Señora de Eunate, llegando a Puente la Reina de Navarra, y a la derecha paisaje de Yanguas en el valle del Cidacos, en tierras de Soria.
Otra de las rutas habituales suele ser subir aguas arriba por el valle del Cidacos y en esta ocasión nos acercamos a Yanguas, ya en la provincia de Soria, donde desayunamos un buen tazón de café con leche acompañado de unas tostadas de pan, bien refrotadas con ajos de la huerta, y untadas con aceite de oliva. Sencillo, pero riquísimas las tostadas de las que todavía siento el sabor de los ajos en mi paladar. Pinté este abrupto paisaje de monte bajo de carrascas y encinas entre las que resplandecen luminosas las húmedas tierras rojas.
Yo suelo salir a pintar con mi amigo Remegio Casiarian por los alrededores. Las Bardenas Reales de Navarra es uno de los lugares que solemos elegir y fue a donde nos dirigimos en primer lugar. Creímos que estaría saturado de turistas y aunque sí que encontramos unos cuantos, las bajas temperaturas hicieron que los más remolones se quedaran pegados a las sábanas. Entramos en Bardenas por Arguedas y disfrutamos del paisaje hasta salir por Carcastillo donde paramos a desayunar y después, antes de llegar al Monasterio Cisterciense de la Oliva, montamos los bártulos y yo pinté esta acuarela, casi monocroma, característica de esta época del año.

Monasterio Cisterciense de la Oliva en Carcastillo (Navarra).
Hay un refrán castellano que dice: "la cabra siempre tierra al monte", dicho aplicable a mi gusto por el Camino de Santiago y en la segunda salida nos acercamos hasta Eunate, punto de confluencia del Camino Aragonés y el Francés donde volví a pintar la ermita, concurrida de más turistas que peregrinos.

La ermita de Nuestra Señora de Eunate, llegando a Puente la Reina de Navarra, y a la derecha paisaje de Yanguas en el valle del Cidacos, en tierras de Soria.
Otra de las rutas habituales suele ser subir aguas arriba por el valle del Cidacos y en esta ocasión nos acercamos a Yanguas, ya en la provincia de Soria, donde desayunamos un buen tazón de café con leche acompañado de unas tostadas de pan, bien refrotadas con ajos de la huerta, y untadas con aceite de oliva. Sencillo, pero riquísimas las tostadas de las que todavía siento el sabor de los ajos en mi paladar. Pinté este abrupto paisaje de monte bajo de carrascas y encinas entre las que resplandecen luminosas las húmedas tierras rojas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)